Como Franco, el franquismo, la morralla y las cloacas genovesas se han puesto de moda, que menos que dedicar unas líneas al gran psiquiatra, el ilustrísimo Antonio Vallejo Nágera, jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército de Franco, quien durante la Guerra Civil y los primeros años de posguerra realizó una investigación con los presos de guerra para descubrir "las relaciones que puedan existir entre las cualidades biopsíquicas del 'estudiado' y el fanatismo político-democrático-comunista". Es decir, responder a los interrogantes de si el rojo nace o se hace y determinar qué malformación -qué gen- llevaba a un individuo a adherirse al marxismo.
Tan ilustre personaje estudió a presos españoles procesados por su participación en la República, a activistas catalanes independentistas y a vascos. Los catalanes le eran especialmente interesantes porque unían el fanatismo marxista y el antiespañolismo y los vascos porque unían el catolicismo al elemento revolucionario.
Con todas 'ratas y calle y laboratorio', el futuro primer catedrático de psiquiatría del régimen, llegó a la conclusión siguiente: "El marxismo español se nutría de las personas menos inteligentes". Punto final.
¡Que listo, el tío! ¿No?... ¿Últimamente algún pepero renombrado, además de Maruhenda, no ha dicho algo parecido?...
Pero agarraros que el elemento también estudió a las presas republicanas y en ese punto, el psiquiatra se lució con ganas y sacó sus propias taras psíquicas a relucir.
Para Vallero Nágera la razón del alto grado de participación femenina, además de ser aún menos inteligentes que sus rojos compañeros, había que buscarla en "la característica debilidad del equilibrio mental de la mujer, la menor resistencia a las influencias ambientales y la inseguridad del control sobre la personalidad. "Cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer, se despiertan en el sexo femenino el instinto de crueldad que rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas, la crueldad femenina no queda satisfecha con la ejecución del crimen, sino que aumenta durante su comisión", escribe Vallejo Nágera, que justifica la participación de las mujeres en las revueltas políticas porque en ellas tienen, además, la ocasión de "satisfacer sus apetencias sexuales latentes".
La forma de reeducar a esas mujeres republicanas -las rojas- era atándolas en corto, separándolas de sus hijos y obligándolas a ir mucho a misa. (¿...?)
Las enfermizas teorías del psiquiatra facha y franquista dieron pié y justificaron el robo de niños durante los primeros años de la dictadura, algo muy típico de todas las dictaduras: los robaban o los mataban.
Su teoría del gen rojo -el de la inferioridad intelectual- abogaba por separar a los niños y niñas de sus madres rojas para evitar que se contaminaran del mal, así como recibir una educación "curativa" de los vencedores y auténticos portadores de la raza española. ¿Os suena algo a aquello de la raza aria de los nazis?... ¡Pues eso, más de lo mismo!
Tras transcribir esta sarta de desvaríos más propios de un imbécil o un enfermo, y con el estómago revuelto por tanta tara mental, ahora pregunto a esos niñatos, payasos y alcaldillos del PP: ¿Esto está de moda?... ¿Esto es lo que se lleva entre "la gente de bien"?... ¿Ese el pensamiento moderno y europeísta de una panda de borregos de formación intelectual desconocida?... ¿Eso añoran?... ¿Eso quieren?... ¡Que cuerno, si hablan de oídas y no saben ni lo que dicen!...
Un consejo: peperines y peperones, antes de hacer el payaso, buscad un circo internacional que os contrate. En España el cupo se cubrió pronto hará dos años.